miércoles, 23 de septiembre de 2015

Bitácora Nº 21 - Preparando canchita al estilo comunidad

Así como el año pasado, hace ya varias semanas iniciamos la venta de pop corn en el colegio. Para ello, hubo un arduo trabajo de planificación previa desde el hacer la carta para solicitar el permiso para la venta, e incluso al momento de sacar presupuestos de cuánto sería el costo del maíz y de la sal. Es por esa razón que en la presente bitácora me centraré en la planificación previa, y presentaré como resultados finales algunas evidencias de nuestros tres primeros días de venta.

Aunque resulte increíble de creer, la planificación se inició desde el día en el que la coordinación nos reunimos para redactar la carta dirigida al coordinador CAS del colegio y a la directora ejecutiva. Esa tarea resulta algo complicada puesto que los requerimientos eran: un plan de la venta propiamente en el que se involucre desde los costos, como bien mencioné al inicio, hasta las fechas que queríamos solicitar como días de venta exclusivos para nuestro producto. Cabría mencionar que resultó de gran ayuda la planificación que elaboramos junto con un grupo delimitado de compañeros, el año pasado, para guiarnos y recordar cómo fue que vendimos la canchita.

Una vez que teníamos la carta y la enviamos, la respuesta no tardó en llegar. Por lo que, tuvimos que ponernos de acuerdo como salón esa misma semana para terminar de ver quiénes traerían las máquinas de hacer cancha, los bowls, incluso las bolsas y la cinta de agua con la que cerraríamos el empaque. Vale decir que todo lo que se gastaría comprando lo necesario para la venta, sería devuelto con los ingresos que obtendríamos en nuestras fechas asignadas.

Sin darnos cuenta ya estábamos miércoles por la mañana, y desde muy temprano, un grupo nos encargamos de prepararla y otro grupo de enbolsarla. Fue una experiencia completamente nueva puesto que yo acostumbro a dedicarme a la parte de vender propiamente; sin embargo, pude asumir el reto de estar dentro, y hacer la canchita, dándole así la oportunidad a otras personas quienes suelen cumplir el rol que yo desempeñé. De igual forma, designamos que Valeria y Oswaldo serían los encargados del dinero; ya que, si todos manejábamos esa función, podría perderse parte de las ganancias.

Debo admitir que la venta fue todo un éxito; y es que, conforme pasaban las fechas, íbamos mejorando tanto la atención hacia nuestros mismos compañeros de distintos grados, e incluso la publicidad. Si mal no lo recuerdo, conseguimos recaudar más de S/. 130 nuevos soles, descontando ya los costos que se habían hecho antes de iniciar a vender.

A partir de la actividad pude darle respuesta a la siguiente pregunta: ¿Hasta qué punto es posible generar un ambiente de integración con la venta de canchita?. Y es que sucede que esta recaudación de fondos me ayudó a darme cuenta de cómo es que hemos evolucionado como grupo de trabajo; ya que, todos apoyábamos de una u otra forma: sea preparando y enbolsando, o quizá manteniendo la limpieza del lugar donde cocinábamos la canchita. Asimismo, el hecho de todos haber colaborado, le da un sentido adicional a la venta, a parte de su fin primordial: Los niños del colegio Santa Rosa de Llanavilla.


Objetivos:

Emprender nuevos desafíos: Nunca antes había operado una máquina de hacer canchita. Por lo que, el hacerlo supuso ser todo un reto.

Proponer y planificar actividades: Al formar parte de la coordinación, colaboré con la elaboración de la carta; así como, de la planificación propiamente.

Desarrollar nuevas habilidades: Ahora sé cómo preparar canchita.

Trabaja en colaboración con otras personas: Todo el salón se vio envuelto en alguna labor.


Evidencias.





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