lunes, 8 de septiembre de 2014

Bitácora Nº 10 - Todavía hay esperanza



Este fin de semana el colegio Santa Rosa de Llanavilla realizó una pollada para poder recaudar fondos ya que hace unas semanas entraron a robar la capilla; es por eso que Daira, Valeria y yo hablamos con Piero para poder ir a apoyar con el evento, puesto que los niños irían y se necesitaba ayuda con las actividades. Además, la banda de nuestro colegio también iría.
Apenas llegamos al colegio, nos pusimos a organizar lo que haríamos; aunque, aún no llegaban los niños. Piero nos dijo que vendría todo el colegio como un sábado común en el que dictábamos clases. Sin embargo, mientras esperábamos, junto a Daira fuimos al patio para poder visionar mejor, porque recordamos que como salón queríamos dejarle algo material al colegio o sino llevar a los pequeños a algún lugar, el cual nunca habían visitado. Fuimos al patio y nos topamos con los jóvenes de la universidad Científica del sur quienes estaban pintando los juegos hechos de llantas que tenían. En ese momento a Daira y a mí nos entraron unas ganas de poder cambiar el mundo, queríamos hacer más con el patio de los niños, nuestros alumnos, y sentimos esa impotencia de no poder lograrlo por completo. Caí en la cuenta de que gracias al proyecto teníamos la oportunidad de quizá no realizar un cambio grande en cuanto a la infraestructura del colegio Santa Rosa de Llanavilla, pero sí de mejorar la calidad de enseñanza del inglés al ir los sábados y dictar clases a todos los grados (Participar en actividades y proyectos sobre temas de importancia global). Gracias a eso mi compromiso con el proyecto aumentó a gran magnitud (Mostrar perseverancia y compromiso personal en sus actividades).

Salimos y el número de niños había aumentado un poco, no era todo el colegio pero si varios pequeños a los que reconocí. Entre ellos estaba Carlitos, a quien solo bastó con pasarle la voz para que me venga a abrazar. Sentí algo especial; un niño me recordaba. Me senté a hablar con él y conversamos, me contó que con las clases que dictábamos le iba bien, y un poco de lo que quería hacer ese sábado. Es por eso que le prometí hablar con él más seguido, tomando en cuenta que él está en el grupo de 3ero y 4to y yo enseño a 5to y 6to.

Después, me topé con un niño quien era uno de los más juguetones del grupo, ese era Juan Carlos. A pesar de que no había hablado mucho con él, le he agarrado un cariño inmenso; creo que eso se debe a que se parece mucho a mi hermano en todo sentido, hasta en nombre.

Traté de jugar con ellos lo más que podía y cuidarlos. No los veía mal, solo que por ser niños se aburrían cada cierto tiempo. Fue entonces cuando varios de los que fuimos a echar una mano pudimos participar de la pollada comiendo algo, ahí la directora nos comenzó  a contar que algunos de los niños tenían problemas psicológicos; al oír eso preferí apartarme del lugar y solo atiné a seguir jugando con ellos. Sé que evadí el tema pero no supe cómo reaccionar ante la noticia, me había agarrado desprevenida.

Este sábado he vuelto a Llanavilla después de más de 
mucho tiempo, y ha sido especial. Logré reencontrarme con los pequeños, con algunos a quienes me gusta decir que conozco y me conocen si quiera un poco más que la última vez que nos vimos; porque cuando los veo a ellos recuerdo que aún hay esperanza para seguir luchando, pero siempre con amor.