El sábado 8 de marzo, nos habían citado en el colegio a
las 8:15am, porque a esa hora estaba programado asistir a la Jornada Ciudad de
Dios. Ya había escuchado de qué se trataría, sería nuestro inicio de lo que
sería la aventura de lo que sería nuestro proyecto de responsabilidad que
llevamos en el colegio al ser parte del ciclo VI (4to y 5to de secundaria).
Estaba verdaderamente emocionada porque según yo haríamos varias dinámicas
grupales, y eso a mí me gusta mucho; sin embargo, también hubo momentos para
reflexionar y plantearnos “¿cuál iba a ser nuestro ladrillo?”.
Como mencioné al inicio, todo
inició en la mañana; al llegar me inscribí con algunos chicos de la promoción y
de ahí fuimos directo a la sala de conferencias, ubicados de acuerdo a la casa a
la que pertenecías. Me agrupé con los chicos de Tagaste, aunque la verdad es
que noté que no con todos había conversado antes así que sería una oportunidad
para poder conocerlos un poco más (Mostrar perseverancia y compromiso personal en sus actividades). Luego de
sentarnos, algunos chicos de la promoción, como líderes, nos introdujeron a lo
que haríamos ese sábado y con qué propósito; para ello también fueron ayudados
por el profesor Jesús Chávez. Finalizada la explicación, Walter nos hizo cantar
la canción de la iglesia joven, en la que se hacía alusión a que como jóvenes
podíamos lograr grandes cosas.
Terminado ello, fuimos a la
cancha de fútbol, donde hicimos dinámicas: la primera consistió en crear una
barra para el equipo. Sinceramente, no sabía cómo aportar así que me limité a
escuchar a los demás; poco a poco se me fueron ocurriendo ideas y las fui
soltando hasta que ganó la de uno de mis compañeros. Después de presentar las
barras de todos los grupos, los profesores presentaron su barra, y en mi
opinión, esa fue la barra que ganó. Otra de las actividades fue la de evitar
que caigan unas pelotas de vóley en los hoyos que estaban en una especie de
manta grande de colores. Fue bastante divertido puesto que fue una actividad de
bastante acción, y todos en algún momento pudimos mover la tela.
Una vez que el juego llegó a su
fin, los líderes nos llevaron nuevamente a la sala de conferencias donde Piero,
el coordinador tanto de CAS como de Ciudad de Dios, nos dio un speech de lo que
sería nuestra labor tanto para el proyecto del colegio como agustinos, como
para nuestro rol de ciudadanos del mundo. La forma en la que nos motivó hizo
que nuestra emoción por dar inicio a la aventura estuviera en el cielo, no
podíamos esperar más. Algo que particularmente me gustó fue cuando se refirió a
que nuestro propósito debía ir más allá de dar clases, de que lo más lindo, por
así decirlo, sería conocer a los niños y saber quiénes eran y que historias
tenían detrás de sus nombres (Considerar las implicancias éticas de sus acciones).
Terminó y nos repartieron
nuestros polos de voluntarios agustinos 2014, y salimos de vuelta a la cancha.
Allí hicimos una tercera dinámica la cual consistió en pasarnos una pelota de
fútbol entre todos los miembros del salón 4to D; cabe resaltar que ya no
estábamos separados por colores, puesto que la intención ahora era interactuar
como comunidad. Respecto a ello, debo admitir que fue difícil ya que no nos
poníamos de acuerdo en la estrategia que usaríamos. Sé que no logramos el
objetivo primordial que era que la pelota pase de arco a arco; sin embargo,
pudimos trabajar juntos por primera vez (Trabajar en colaboración con otras personas). Estábamos tan
satisfechos que nos tomamos una foto grupal, de los “casi victoriosos”.
Después de ello le tocó a Fr.
Elías darnos una charla acerca de lo que debíamos hacer en el colegio al que
nos tocó apoyar. Sucede que más allá de enseñar inglés, que fue lo que nos
dijeron que haríamos esa semana, teníamos que, como agustinos, no dejar de lado
el mensaje de Dios y la importancia de parecernos a Jesús al momento de
predicarlo.
No pude asistir a las demás
actividades debido a que tenía clases de inglés y la hora se me fue ajustando;
pero, me quedo con ese mensaje, el de ir más allá cuando esté en la cancha, y
de ponerme el reto de conocer las historias de los niños que sean puestos en mi
camino formando parte de la Ciudad de Dios.



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